Andorra es un país enclavado en el centro de los Pirineos con mucha riqueza.

Andorra goza de atractivos culturales, paisajísticos, termales, lúdicos, deportivos o gastronómicos, a pesar de sus diminutas dimensiones.

Enclavada en medio de los Pirineos y arraigada a sus tradiciones, Andorra es un país muy moderno. Tiene dos vías entrada: la española, por el valle y la zona más poblada y la francesa, de alta montaña, más alejada del bullicio de su capital, Andorra la Vella.

Los recursos propios hacen de esta destinación un atractivo turístico durante todas las estaciones del año.

En verano, las excursiones por los prados o cimas son actividades muy relajantes. Las montañas abruman por su belleza. Se pueden contemplar los pastos de ganado, con su reina al frente: la vaca de raza Bruna de Andorra, de carne muy apreciada.

En invierno, se convierten en estaciones de esquí, que aportan una belleza fría pero elegante.

Gracias a la nieve y su filtración de agua en el suelo, a finales de primavera los parajes se llenan de setas o dientes de león, muy apreciados culinariamente. En muchos restaurantes los ofrecen en sus cartas, momento ideal para pedir una ensalada de achicoria, de gusto delicadamente amargo.

Pero los bosques de alta montaña esconden un secreto. Desde finales de agosto hasta mediados de octubre se recolectan las piñas del abeto. Pero no son piñas cualesquiera; tienen unas características que las hacen únicas. Con ellas se fabrica un jarabe. La receta es ancestral y servía de expectorante. El chef francés Michel Baylocq le dio la vuelta y creó un condimento gastronómico. Dulce y con gusto a resina realzan los platos con contrastes.

Aunque parezca mentira, Andorra alberga viñedos de muy buena calidad. Era un cultivo que ya se practicó años atrás pero que se tuvo que interrumpir por la filoxera. La bodega pionera fue Casa Beal. Le siguieron otros. Beber estos crudos es una experiencia interesante. La referencia monovarietal pinot noir Evolució, de la bodega artesana Casa Aubinyà, entra por la boca con un tacto muy fino y delicado como si un pañuelo de seda te abrazara por tus hombros.

Y hablando de bebidas… después de un día lleno de actividades por tierras andorranas, qué mejor que una parada para degustar la cerveza artesana andorrana. Hoy en día existen dos referencias: Boris y Alpha.

En definitiva, Andorra es un país que, a pesar de sus dimensiones, tiene riqueza gastronómica que da gusto saborear.