Siempre que viajas buscas un lugar para ver el atardecer. En muchas guías y ofertas de viajes te aconsejan los que no te puedes perder.

Para llegar a tus destinos usas cualquier medio de transporte tanto por tierra, mar o aire. Muchas veces, por la emoción del destino final, te pierdes algunos atardeceres por el camino que son, igualmente, dignos.

Atardeceres desde un avión

El vuelo de París a Tokio dura 12 horas. Te da tiempo para mucho. Leer, comer, dormir, escuchar música, ver películas, aburrirte y mirar por la ventanilla. Desde las alturas todo toma otra perspectiva. Los atardeceres también. Parecen infinitos. El cielo azul es extremadamente inmenso y el marcado horizonte es rojizo. A tus pies, todo es oscuro y se vislumbran las luces de las edificaciones. En un momento desaparece todo y se torna oscuro.

En barco por el Mediterráneo

Las goletas surcan las aguas del Mediterráneo oriental recorriendo parajes costeros protegidos. Navegan por aguas turquesas entre ruinas romanas y playas desérticas. La vida a bordo es espartana, pero no te importa. Tu mundo, durante unos días, es la diminuta cubierta de la goleta. Desde ella gozas de todos los atardeceres. El sonido del mar y su brisa. O los aromas del pescado a la brasa que se cocina en la proa son el atrezo perfecto para estas puestas de sol. Eso sí, ponte un chal porque hace fresco.

Travesía en tren por medio del desierto

La mayoría de trenes que parten de Jaisalmer hacia Jodhpur viajan en horas intempestivas. Pero dos viajan de día. Las 6 horas de trayecto permiten gozar de las vistas del desierto del Thar. Y, como no, de sus puestas de sol. Una curiosidad es como la  luz ocre entra por la ventanilla con mucha intensidad. Además, desierto y cielo parecen ser lo mismo. El sol contrasta como un punto de luz en el horizonte. Cuando esta exhibición ha terminado, es el momento de hacer una cabezada hasta tu próxima parada, Jodhpur.

En definitiva, cada atardecer es único y distinto. Pero todos tienen un denominador común: un espectáculo asegurado.